The playground

La Big 5 ocupa los pabellones feriales del Dubai World Trade Center. A esta feria ha venido el sujeto, y yo le acompaño.

Es una feria del sector de la construcción. Y ella misma, en este día previo a la inauguración, se construye a sí misma. El dédalo de pasillos es un cafarnaum de cajones sin abrir, boquiabiertos unos o ya vacíos otros y en espera de ser retirados, un mar de plásticos y sargazos de cinta de precinto, de cubos de pintura y palets y cajas de herramientas, listones y muestrarios y carteles que no se han colgado todavía. Las brigadas de obreros se mueven de un lado al otro con martillos, brochas, estanterías, escaleras y focos y cables y papeles arrugados; es un no parar hormigueril, con hombres gritando y otros mirando, con mujeres dando el visto bueno, con ejecutivos en uniforme de faena y remangados brazos dando el último toque. Un guirigay de martillazos, de taladros, de lenguas que no se entienden entre ellas (árabe, hindí, chino, catalán, inglés, castellano, francés, malasio…), el zumbido de los camiones y las grúas y tractoras en los patios. El frenesí de termitero tapa el cansancio de una noche mal dormida a once mil metros de altura, que se concreta a las dos (cuando en realidad son las once en la Península) en el hambre, en la torpeza de las piernas.

Ha sido una mañana de recordar otras ferias, de volver a saludar a conocidos del sector.  El sujeto explica qué ha sido de él en estos dos años lejos de las ferias, de las misiones comerciales, lejos de la guerra. Da explicaciones vagas y sigue desembalando grifos para ponerlos en las vitrinas del stand. Huele a serrín y a pintura fresca.

Por la tarde la siesta le alivia las horas de cansancio, y se pone el sol cuando sale a cenar. Hoy toca Dubai Mall, el mayor mall de la zona, a los pies del más alto edificio del mundo. Suelos encerados, Cartier, Rolex, Philippe Patek, Bulgari. Pero también Desigual, Bershka. Con sus compañeros de fatiga, el sujeto se emboba mirando el gran acuario: rayas, meros, tiburones, peces de colores. Un banco de atunes se mueve en círculos en la gran piscina acristalada de tres pisos. “Es sedante” dice, pero a la vez constata la alta densidad de peces moviéndose que es como el reflejo de la gran copia de gente que se mueve por los interminables pasillos bien lustrados del mall. Parejas de europeos, árabes, personal asiático, ejecutivos, adolescentes, grupitos de mujeres con abaya negra y veladas, alguna rubia despistada, cuadrillas de adolescentes jaraneros, familias indias. La pista de patinaje está poco concurrida: cinco o seis jóvenes de ambos sexos patinan, dan vueltas, trazan piruetas con una soltura insospechada en estas latitudes.

Todo lo miramos con ojos abiertos. No recorremos el Gold Souk, ni nos adentramos en el sector de las perfumerías, de donde nos llega el sensual aroma del aoud, el denso perfume de resinas que se estila en estas tierras.

Mañana, sin prisas ni madrugones, estrenaremos camisa y corbata, luciremos planta al frente del stand.

Miro el skyline que se ve desde la habitación: los altos perfiles afilados de las torres de oficinas de Sheikh Zayeed Road, el negro cielo, el resplandor de los rascacielos más alejados.

Zumba el aire acondicionado; lo apago. Me desnudo. Apago el ordenador. Apago las luces.

Me duermo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s