On high heels

Grosso modo, se diría que hay entre quince y veinte hombres por cada mujer que recorre esta feria. Todas son miradas: sus faldas, sus piernas, sus pantorrillas, sus corvas, sus curvas, sus lorzas, sus siluetas, sus sonrisas. Cruzan los pasillos con zancuda altivez, con media sonrisa congelada en la cara entre el decir y el callar, expresando sobre todo indiferencia al chorreo de miradas con que se acompañan cada una de sus idas y venidas al lavabo, al fumadero, a los restaurantes. El business es cosa de hombres lejos de casa, mayormente. Y ellas lucen mucho y destacan. Y la espera, cuando es aburrida, se entretiene con lo que hay a mano. Ellas no están a mano, pero quedan a la vista.

Desde sus altos tacones casi hipodérmicos, desde su porte de grulla lejos de su hábitat, cruzan frente a los stands sin devolver la mirada. Hay dos rubias que proceden del grupo de empresas austriacas que aúnan elogios, y, si se diera el caso, unanimidad habría entre los stands españoles para otorgarles el premio a las más bellas: rubias, larguiruchas y bien dotadas, de ojos azules, piernas largas y elegancia de avestruz. Son gacelas cruzando sin miedo por los pasillos como frente a jaulas de felinos.

Abundan los comentarios rijosos, zafios, machistas. Ellas son sordas. Pero imagino que no deben ser ciegas a las miradas, y me pregunto cómo se sienten, qué piensan.

Por la tarde he de ir a un zoco en Deira, a entregar una oferta. Voy en metro. Hace tres años, durante mis anteriores viajes a esta ciudad-estado, vi cómo construían el metro. Mientras en Barcelona la Línia 9 tarda décadas en ponerse en marcha, en Dubai el diseño y construcción e inauguración del metro se ha logrado en menos de un lustro. Como no da tiempo a cambiarse, me voy al mercado de Deira con los puesto, esto es: el uniforme ferial (traje, corbata, zapatos y maletín). Trato de entrar en el primer vagón del convoy, pero me llaman la atención y he de correr hasta el segundo vagón antes de que cierren las puertas  y se ponga en marcha el tren: el primer vagón está segregado para mujeres y familias. Llego a Baniyas Square y dejo el aire acondicionado del metro para sumergirme en el bochorno del aire libre y la multitud del barrio comercial.

En él las tiendas se agrupan por sectores. Cruzo la plaza (electrónica) y atravieso callejas dedicadas a la iluminación y equipos eléctricos, dejando a mano derecha las tienduchas de herramientas. Llego a mi destino: un dédalo de calles cuyos locales están todos ocupados por comercios de grifería y fontanería. El concepto “escaparatismo” es desconocido en estos pagos: tras las cristaleras se amontonan muestras y carteles y muestras variadas y cajas y cajones y bultos de mercancía.

Encuentro la tienda de mi contacto y he de esperarle un rato, prayer time reza un cartelón pegado al vidrio de la puerta cerrada. Doy una vuelta por los alrededores (zoco de las especias, zoco de los juguetes, zoco de la lencería) y vuelvo;  charlamos un rato.

Al salir siento el calor que me estrangula el cuello con la corbata. podría desabrocharla, meterla de nuevo en el bolsillo de la americana, pues ya he acabado mi misión. Pero no lo hago.

Recorro de nuevo las ruidosas calles de este zoco y los contiguos y me dejo mirar por los transeúntes: indios, árabes, waziríes, bengalíes, pakistaníes. Unos con las largas kameez (camisas de faldones) y pantalones turquescos y babuchas, otros con camisetas del Milan o del Barça y tejanos y sandalias, otros con dishdashas impecablemente blancas y las cofias árabes (unas blancas, otras escaqueadas de negro o de rojo). El raro soy yo con mi traje Cacharel gris marengo, mis zapatos de 200 euros, mi camisa Lacoste verde manzana, mi corbata a juego. Me miran. Me dejo mirar. La corbata, como un tutor, estira mi porte hacia arriba.

El sujeto no es rubia, ni tiene tetas ni un culo respingón ni calza tacones altos. Pero yo ya sé qué sienten las mujeres que se pasan seis días encerradas en un recinto de hombres encorbatados.

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3 Respuestas a “On high heels

  1. Ets un home objecte.

  2. Not yet! Ya tienes la extrañeza, pero te falta la lascivia.

  3. Objeto o no objeto… sigue adelante.

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