Brass

Las barras de latón son troceadas según medidas y pesos determinados. Luego se calientan al rojo vivo y se depositan sobre un molde. Se aprieta un botón y baja una prensa inmensa, de dos pisos de alto y 400 toneladas de peso. Estrépito. Cuando se alza la mole ya está conformada la pieza que, una vez limpia, granallada y mecanizada será un fitting, una válvula, una tuerca. Un cachito de latón, a veces cromado, a veces crudo, de un bonito amarillo pálido.
Yo vendo esto. Soy el afortunado niño de la corbata y don de lenguas que recorre el mundo vendiendo esto, ayudando a vender, buscando vender. Soy el último de la fila detrás del torero que mueve (envuelto en polvaredas) toneladas de chatarra hacia el horno de la fundición, detrás del que echa al horno sacos de zinc, lingotes de cobre, y atiende al borboteo del infierno rojo que se puede ver sin acercarse mucho (1300 grados Celsius que chisporrotean; el operario se protege con mandil de cuero, manoplas blindadas, gafas y turbante). El ruido incisivo y constante de la maquinaria en los talleres de mecanización, los capazos como tortugas de los rincones, las montañas de viruta dorada, el retumbar de las prensas, el trajín de los rodillos candentes en las naves de… de… Aún desconozco el nombre de los diferentes procesos de producción, estoy aprendiendo (as usual). El gris mundo de la industria siderúrgica, con su olor a taladrina, sus gritos ahogados por la maquinaria, las batas azules de los encarrregats, el bocata exacto de las 09:15 a 09:45, la sirena de los turnos y el frío inoxidable de los almacenes.
Yo soy, en cambio, el afortunado que sale al mundo oliendo bien con ganas de caer bien a desconocidos, mientras otros atienden el despacho, diseñan planos, suman asientos contables y entran pedidos en un ordenador obsoleto, se pelean con el fax, llenan cajas y esperan que el excel dé con las fórmulas idóneas para poder mostrar, con quesitos de colores, la magnitud de la crisis y el camino de salida.
Con razón, a menudo se me ha criticado; algunos lectores-parroquianos de este vertedero de MiedosLibres opinan que me quejo en exceso, me conduelo y lamento de nimiedades. Hoy no lo he hecho. Hoy celebro. Hoy agradezco a tantos que trabajan conmigo, a quienes aún no conozco, tantos para quienes trabajo. Y con los cuales comparto. Y con vosotros también, parroquianos.

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