El viajero sin viaje

No siempre anda el viajero viajando. Pasa días estabulado, compartiendo afanes con quienes no salen de la oficina, cumpliendo, más o menos, con los horarios de entrada y salida. Pasa también ratos de ocio en casa, conectado a las noticias (particulares o públicas), mientras una radio vierte otras noticias desde el baño, de fondo, como un grifo mal cerrado; comprando en los supermercados; saliendo a tomar una copa con los amigos; mirando tiendas o el mar desde la terraza mientras se pone el sol o esperando que sea la hora de ir a recoger a alguien con quien tiene previsto pasar el fin de semana antes de su próxima estación en el aeropuerto, como ahora mismo, o se sirve un dedo de gin, lo sazona con limón y angostura, y se ducha y se viste y se conecta un rato a webs petardas, o se vuelve a duchar un rato después de haberse duchado, por mero aburrimiento, y sin vestirse luego, por el placer de estar desnudo, habiéndose quitado la camisa sudada de dos días, y dejando que los emails sin contestar se escurran por el desagüe con el agua y el jabón.

El viajero está hoy en su atalaya de Sitges, rodeado de los libros, de los muebles, en su hábitat de alma nómada, escribiendo estas líneas y pensando en la guerra que murió, from A to Z, sin haber pasado de tres letras (a pesar de que un artículo de Jacinto Antón, hoy en El País, me indica que no andaba yo descaminado). Descanso. Respiro. Celebro. Me remanso en la paz del aquí y ahora. Sonrío.

Y otro día será que recorra pasillos numerados en terminales de aeropuertos des doulces provinces de France, que cruce a 300kms/h la Beauce o la Champagne en un butacón del TGV, se asome al mar del Norte, mire el Loira y la Saona, cene cerveza con col y salchichas en Estrasburgo, o moules et frites en Bruselas, o crêpes en Bretaña, couscous en el Maghreb…

El viajero piensa que deberá moderarse. La ingesta generosa de la gastronomía de Europa (y vecindades) le empieza a llenar las curvas de la panza. Lo puede ver, pues está desnudo, en su salón, saboreando un dedito de buena ginebra, mientras corre el tiempo, mientras se acerca irremediable el week-end en un avion desde BXL…

Sonrío.

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