Apuntes sobre un paisaje de Van Gogh

El desorden del viento despeina el paisaje y lo limpia, lo despeja.

La pincelada del pintor sopla fuerte y desordena el cuadro, fijan un instante, un segundo, un momento de nada, lo deja tieso en un oxímoron maravilloso de quietud (el cuadro en sí) y movimiento (la escena, el paisaje).

Hay otros paisajes, más mansos, adormecidos en la calor prieta de la siega. Pero este me gusta por lo que supone de contraste, de tensión entre el cimbrear del viento y la fijación eterna de la pintura. Me enamora la grácil figura del ciprés, su sombra aceitunera, espesa.

El arte consiste, precisamente, en dinamitar la granítica percepción que de la realidad tenemos y rendirla (someterla) con nuevas miradas, con pinceladas nuevas, colores nuevos, palabras nuevas.

Es artista quien logra imponer al arte su punto de vista, su técnica, su percepción, su estilo. Tout est style decía uno. Cierto.

 

 

 

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