Sang de terre; terres de sang

CAVE_VIN

La robe est une terre de feu parme. Le bouquet recèle mille surprises. Il s’en extrait d’abord avec un vrai sens de la mise en scène, de la fumée et des noisettes grillées. Puis, un décor de sous-bois planté de bruyères y fait comme par miracle son apparition. En attaque, la très agréable sucrosité des cassis confits dissimule de pourtant très puissants arômes de menthol et de myrtilles. En rétro-olfaction, se téléportent d’inattendues exhalaisons de mandarines et de fourrure humides. La finale est un feu d’artifice d’épices, de noix et d’euclyptus. Un vin fascinant.

Así describe el Guide Lafont presse 2013 el quincuagésimo cuarto vino de los ciento cincuenta mejores vinos de Francia. Es uno de los que comercializa mi hermano en Ollieux-Romanis. Es el Cuvée Or 2009. 93 puntos sobre cien.

Venimos a este refugio en tierras cátaras que es su casa y una botella de este caldo nos abre la puerta de la cocina. Lo descorchamos una vez acomodados y le damos tiempo y oxígeno, le permitimos que tome la temperatura adecuada, lo escanciamos en un decantador, lo servimos en las copas que corresponden y  bajamos la música para mejor degustarlo.

Quizás sí que una primera impronta tiene un recuerdo añejo de humos o de  avellanas tostadas. Pero nuestra inexperiencia, nuestra sed, nuestra ignorancia se enredan todas y en el último trago nos vamos… nos vamos a servir otra copa y se disipan sus riquezas en la charla, en la cena que preparamos morosamente (el deslumbrante amarillo de los huevos batidos, las briznas de romero, los granos de sal gruesa, las lonchitas de brie de Meaux  que se funden en el corazón de la tortilla). Nunca llegamos a disfrutar de las pieles húmedas que se nos anunciaban retro-olfactivamente. De las mandarinas ni nos acordamos; de postre otra copita.

Disfrutamos de las paredes antiguas y de su frío, de la sangre de la tierra, de esta tierra caliza de lomas blancas, de bosques, viñedos y caminos que triscan por la geografía con discreción y como diciendo “pasaba por aquí”. Recorremos los viñedos, los valles por castillos coronados; las cintas de asfalto nos llevan hasta abadías recónditas, nos guían de las profundidades de las bodegas lóbregas y perfumadas –roble, cera, líquen, piedra– a la luz pétrea de estas catedrales meridionales, tan luminosas…

Cathedrale de Narbonne

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