Eadem sunt omnia semper en Campania

reggia-caserta2No puedo evitar jugar con la palabra Campania, cuya campiña hoy ha recorrido el viajante, de almacén en almacén, con parada frente a la fachada de la Reggia di Caserta, un Versailles que desconocía, un Escorial italiano. Una razón más para abdicar de las monarquías.

La ubérrima región de Campania lucía su maravilla de verdes desde la velocidad de la autostrada.En el retrovisor se reflejaba el Vesubio. Zonas fabriles, polígonos logísticos. Pastos. Cultivos. Huertos. Invernaderos.

Probablemente las tierras agrícolas que alimentaban Neápolis y sus pueblos aledaños no debían ser muy diferentes (quitando todo cuanto el progreso ha añadido). El Vesubio señoreaba el paisaje, y lo cerraba el mar, con las lindes de Ischia, Prócida y Capri.

Eadem sunt omnia semper.

“Todo es siempre igual” dijo Lucrecio (DRN, III, 945). Y el verso me viene a la mente recordando, en un momento de hastío entre visita y visita –que no solo de grifos vive el hombre–, el sexo de los romanos que se muestra en el Gabinetto Segreto. Decíamos ayer que poco ha cambiado el fondo de la cuestión, si bien ha evolucionado tanto la forma como se muestra la cosa.

El contraste que ayer confundía al viajero entre las calaveras delle Fontanelle y la exuberancia erótica de la vida se da también en el De Rerum Natura de Lucrecio, que estos días le ocupa.

El Tetrapharmakon epicúreo deja claro que, puesto que hemos sido “echados” a la vida, hemos de disfrutarla, y su “medicina” nos ayuda a ello, pues en nuestras manos está el apartar de nosotros las angustias que, las más de las veces, son fruto de la ignorancia y que nos impiden el disfrute de ella (la vida) y el gozo de los placeres que tan al alcance están, si deseamos hacernos con ellos. Y sin embargo el poeta Lucrecio (como el viajero viajante) no puede evitar echar la vista atrás (o adelante) y ver el mar de calaveras que nos preceden (o nos han de seguir). Porque lo sumario e irrebatible es la muerte que la vida concluye. Así ha sido, así es, así será. “Todo es siempre igual”.

Por ello, acaso, cierra su grandísimo poema con el relato de la mortandad con que la peste asoló Atenas en tiempos de Tucídides. Casi sin venir a cuento, casi de reojo, en el último momento: crudamente, Lucrecio retoza en el relato del sufrimiento de los apestados, en la desesperación de quienes aún no habían sido apestados, en la angustia de quienes nada o muy poco podían hacer contra la plaga. Tal vez (es una hipótesis) el poema quedó inconcluso. Tal vez el maniaco-depresivo que era Lucrecio se suicidó –no debería descartarse– antes de concluir su obra.

Cuando Lucrecio cierra su poema con la muerte desmelanada de la plaga en Atenas nos está diciendo que a pesar de todo lo anterior (que hay que alumbrar la vida con la verdad, espantar los miedos, disfrutar de lo que hay, mediante el disfrute de la naturaleza y sus razones –el repetido naturae species ratioque del verso II, 61) el fin es el fin, la muerte es el final.

Y si mañana el viajero terminara su singladura, se quedaría sin saber quién va a ganar el mundial. Pero entretanto descorchará una cerveza. Cenará. Y se cobijará en los libros antes de dormirse, porque el viajero es liber, libro y libre, o livre et libre,  llibre o lliure. book.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s