De montañas, de playas y de silencios

“Ojalá no tengas que escribir”. Eso me escribe Dani, desde CDG. Se me despierta la pantallita en el bolsillo, vibra, a media mañana; su buena voluntad, su amistad relumbra, titila aún, como titilará hasta que nos volvamos a ver, en 2018, si no es antes o después, al albur de nuestras andanzas.

casablanca

Caminamos hace años juntos bajo la nieve en Ammán, de madrugada. Aquí lo conté. Éramos tres caminando ateridos en busca de un taxi. Ahora solo dos caminamos. Me cuenta Dani la historia de su compañero Juan, cuya cara no recuerdo, cuya sola soltura recuerdo, la comodidad de estar a gusto con un desconocido recuerdo, en un restaurante de Ammán, en invierno, bajo amenaza de temporal. Una mal diestra aguja le dejó sentado en una butaca con ruedas. Le mando un recuerdo. “No veas cómo me cambió la perspectiva” me dice Dani.

Pedimos una cerveza, la segunda, o la tercera, y decidimos dejar de contarlas, ¿para qué? si nos las beberemos igual. Nos damos noticias el uno al otro. Han pasado los años desde la última vez. Recapitulamos: Almatý, Ammán. Casablanca hoy, mañana quién dirá. Entremedias un correo electrónico, como un balido en mitad de la niebla, ando por aquí, voy allá, ¿y tú?. Y a veces se sincronizan las agendas y tenemos la fortuna de encontrarnos. Con alegría. Sin echarnos de menos, sin prisas, sin cortapisas ni tapujos, sin intenciones. “Par ce que c’estoit luy, par ce que c’estoit moy” dijo Montaigne de su amigo La Boétie (Les Essais, livre Ier, chapitre XXVIII). Sin explicaciones.

¿Nos veremos hoy? Claro. Echan un Barça-Atlético de Madrid. Nos da igual. Me subo a un petit-taxi rojo, cruzo la ciudad y me planto en la Corniche. Se huele el mar rasgando su oleaje contra el arenal. Me gusta. Sonrío.

Me encuentro con él, grandullón, con la sonrisa más ancha que la cara, el verbo intenso, el abrazo de pelotari. Mi amigo Dani. Vende no sé qué (piezas de acero grandes como él) a las cementeras de medio mundo. Me dice de ir a Erbil, y voy a Erbil. Lo que me cuenta me interesa, y me demuestra aprecio, y lo pasamos bien juntos. Me cuenta sus males de amor y le riño y le envidio. Le cuento mis aburrimientos y comparte conmigo los suyos, cambiamos unos créditos de Humanitats de la UOC por el coaching de su master MBA en Deusto. Llegarás lejos, Dani. Las risas que derramamos también llegan lejos.

Pedimos la cena y la devoramos degustándola con chanzas, con recuerdos. Maduramos. Nos cansamos. Recordamos. Nos ilusionamos. Ponemos la mesa perdida de borracheras, en particular recordando la del Copacabana de Almatý. De Almatý a Casablanca. ¿No daría para una novela? Y le contesto que ya no escribo. Que se diluyó la tinta en la felicidad, que me bebí el tintero de un trago y despunté los lápices.

Aquí tengo este tendal de penas abandonado. Y que así sea. Con lo puesto ando yo caliente: Los ensayos, del Sieur de Montaigne; Richard Burton y su Melancolía; Vida de Samuel Johnson; El hombre sin atributos; Muerte de Virgilio. En realidad se me atascan las lecturas. Las llevo en el bolsillo. Me acomodo a ellas. No me acostumbro, en cambio, al no escribir. Pero todo se andará.

Pido un café. Cesó la lluvia. Leo. Llamo al limpiabotas: me deja brillantes los zapatos. Pienso en Dani. No acabamos ayer excesivamente tarde, pero el recuerdo del último gintonic se me encasquilla en la boca aún. Nos despedimos algo  ensordecidos a la salida de un cabaret oriental. Las dos serían. La del alba acaso.

Me manda un sms desde el aeropuerto de París. “Ojalá no tengas que escribir” me recuerda; me conoce bien; lo sé; me gusta. Porque desde la pena, desde la niebla y el miedo escribo (palabras de bruma y de noche).

A la luz del día, leo.

¿Maduraré? me pregunto. Me pudriré antes, creo. Y espero que sea en compañía de amigos como él. Ligeros. Pasante, mas en su levedad constantes. Felices.

Y aunque atraviese momentos de melancolía (fruto del abuso de la felicidad, sin duda) constato que mis zapatos lucen. Brillan.

Y, por hoy, con esto basta.

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Una respuesta a “De montañas, de playas y de silencios

  1. Dani con Txapela

    Cada vez que leo este artículo me traslado a aquel cabaret de Casablanca; cada vez que te leo me traslado a donde quiera que sea. Gracias por permitirme volar en preferente.

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